Abril, lavas mil

Bona tarda, petits!

Regreso al ciberespacio después de un ajetreadísimo y maravilloso mes de Abril, lavas mil. Visto y oído: Europa colapsada por ¿¡un volcán!?

Tras la marcha de los señores Galisteo después de pasar unos estupendos días de relax en París aprovechados al máximo entre cultura y buena gastronomía (Apunten: Café Marly, Café Hugo, Café de la Paix, Les Deux Magots y la espectacular Opera, donde disfrutamos del famoso ballet de París), me disponía a recibir con los brazos abiertos a mi querida María que venía equipadísima para quemar la capital gabacha.

Día de su supuesta llegada. 8 de la mañana. Recibo en mi Blackberry un mensaje de la susodicha asegurándome que no puede volar debido a una erupción volcánica. Ante ese nada explícito comentario, mi primera reacción es pensar que en la sierra de Gredos hay un volcán cuya existencia desconocíamos… Por suerte, para resolver este tipo de dudas existenciales está Google, y corro a informarme de la que se está montando en Europa (menos en Islandia, origen del desastre y donde están fenomenal después de, como quien dice, soltar el pedo y echar la bufa al resto del continente. Un asco. Y perdón por el tono escatológico) Total, que little Mary se queda sin fin de semana ideal. Yo tampoco me lo iba a pasar de luto así que asistí a la que corono, sin duda, como una de las mejores fiestas en las que he estado este año: Le Bal des Princesses, un baile de época déjanté en el palaciego Pavillon Royal. Un sueño, ahora más que nunca porque todo lo que recuerdo está tan nublado como mi cabeza al día siguiente, cuando desperté vestido cual Napoleón y con la lengua como un trapo empapado en Vodka y Red Bull. Memorable, gracias a las fotos, desde luego, y a los majestuosos cardenales de mis rodillas después de pasarme la noche en el suelo a causa de mi énfasis bailongo.

Y mientras, la nube volcánica acechando mi vuelo a Barcelona tres días después… Para calmar la incertidumbre pasé unos días de solazo espléndido en París de terraza en terraza, Gin Tonic tras Gin Tonic y tarjetazo tras tarjetazo en Marly, de nuevo, y en Costes Pompidou. Lo justifico, claro está, porque tenía que ir haciéndome a la idea de que mi viaje se iba al traste por una columna de ceniza proveniente de un volcán, tal y cómo rezaba el mail que me mandó la compañía aérea. Suena a broma, sí. Finalmente, me arriesgué a acercarme al Charles de Gaulle y entre el caos reinante tras una semana de cancelaciones, ¡milagro!, mi avión despega y me planto en mi adorada España entre rosas y libros del barcelonés día de Sant Jordi. Era el comienzo de una semana es-pec-ta-cu-lar por los clubs y garitos más In de Barna y también por alguno no-sé-si-recomendable a no ser que se lleve más alcohol que sangre en las venas y se tome uno a risa la fauna mariquita que habita por allí. Hablo de Arena, lugar en el que no queda del todo claro si te están echando el ojo para llevarte a la cama o para dejarte los ojos morados de dos guantazos por pijo. En cualquier caso, fue llegar a BCN y besar el suelo y la botella de ron que no solté hasta seis días después, con lo cual mi estado de conciencia era el ideal para verlo todo maravilloso y amar a todo el mundo.

Creo que desde los tiernos 18 añitos no se me hacía de día de miércoles a domingo entre Solidarik, Sutton Club, Sotavento Beach Club y Opium. A mi vuelta, eso sí, carezco de pulmones, de hígado y de crédito en la VISA, pero oye, que me quiten lo bailao. Noches diez con gente diez que culminaron un amanecer de hace una semana intentando pagar un Taxi picando el Bono Metro en la rendija del aire acondicionado del auto en cuestión y emitiendo un Click! de modo oral, esperando a que el taxista no se diera la vuelta y me pusiera los morros del revés. Patita, querida, un millón de gracias por todo. Te amo.

La depresión post-vacacional aguda que sufro desde entonces he intentado sacudírmela como mejor sé hacer, a tarjetazos, para mi desgracia, entre los Martinis del Hotel Costes y la fiesta LIM de ayer noche en Les Planches que me dejó reventado para mi primer día, hoy lunes, de curso intensivo de francés para sentirme bien conmigo mismo (después de haber rechazado dos oportunidades laborales autojustificadas con un “este es mi año sabático”) y empezar a ponerme las pilas antes de los exámenes que tengo a la vuelta de la esquina. Encima, después de estas semanas de tiempazo primaveral  increíble, hoy vuelve a llover… Que Mayo acabe pronto, mon Dieu, quiero Junio, de nuevo sol, terrazas, playa y, por qué no, un poquito más de España.

Besos sonoros!


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