No merezco vivir. Mi inconstancia para (casi) todo está quedando más que patente en este espacio. Vergüenza tenía que darme. Pero no os olvido, mes amours!
Lo primero, aunque no lo creais, es comunicaros que mis días de estudio post-resacoso gracias, mayormente, a Duplex y a Queen no fueron nada provechosos pero que, milagrosamente, he aprobado todo. Ahí lo llevais. El próximo año os vais de Erasmus, los pocos que aún podais, a vivir la vida y a quitaros del medio asignaturas como churros. Seguid mi ejemplo, pequeños, aunque llegue el día del examen y esteis a punto de perecer de una taquicardia tras varias noches a base de Red Bull, té de naranja y canela y cafés matutinos. Y si aún así no llegais a terminar de leer la mitad de la materia, potenciad vuestro acento español, poned cara de poca inteligencia y repetid: “Je suis Erasmus…” Todo hecho!
Ese fin de exámenes que creí catastrófico y que ha resultado ser un triunfo fue celebrado igualmente por todo lo alto en Back Up, una noche de la que os contaría un millón de anécdotas si pudiese recordar algo diferente de lo que se ve en las fotografías que teneis más abajo y que parecen hablar por sí solas. El fin de semana en general es una vaporosa nube en la que vislumbro vagamente otra estupenda fiesta en la Cité Unniversitaire que terminó avanzada la mañana del domingo en una habitación con una cama bastante concurrida…
Poco recuerda mi memoria hasta la emotiva fiesta de despedida de mi querida Patricia unas semanas después, poco excepto una espantosa cena en Le Refuge des Fondues seguida de unas mucho mejores copas en L’Infini salpicadas tan sólo por el no-saber-beber-ni-estar de ciertos franceses que, gracias a Dios, esa vez no terminó a golpes en la calle con todos nosotros implicados.
Y Patricia, gran amiga, efectivamente, se nos fue después de seis meses de estancia en esta maravillosa ciudad. No sin hacer ruido, desde luego. Una soirée perfecta con un toque irreal. Irreal porque me convencieron para actuar en una casa okupa (que yo en mi vida había pisado) como sorpresa para la susodicha. Dicen que una imagen vale más que mil palabras y, en este caso, estoy de acuerdo. Ahí va, con un saludo a una de las artífices de todo esto, mon amour, Begoña, que trajo todo su arte de España para regalárselo a París durante unos mágicos días, y por supuesto con otro para Patricia, a la que añoro muchísimo y espero ver pronto en un estupendo viaje a Barcelona:
Después de esta noche íntima llegó un sábado harto más canalla. Patricia no se iba a marchar con sigilo y organizamos otra soirée especial en Le Moulin Rouge con champagne a borbotones. La noche fue maravillosa aunque desde luego el show, lejos de Ewan McGregor y Nicole Kidman, tiene más bien similitudes con el Noche de Fiesta de nuestro José Luis Moreno… Aún así, recordad de entradas anteriores que era una promesa, y lo prometido para mi, casi sin excepción, suele ser deuda. Tras la fiesta cabaretera, una más, repleta de Maki y Sushi japonés regado con Veuve Clicquot para decir un adiós definitivo a nuestra pequeña. Te echamos de menos, ma cherie!
Al tiempo que ella marchaba para Barcelona, yo tuve que coger un vuelo a mi adorada Madrid para cursar un seminario en la Universidad con vistas a marcharme el próximo curso a los States, nada más y nada menos que a Boston y casi sin tiempo para respirar en España cuando concluyan mis días en París. Así pues mi aventura europea parece que se prolongará en el Nuevo Mundo y me encuentro impaciente por vivir la experiencia, la verdad.
La semana madrileña, como era de esperar, fabulosa. Maruchi, que ya está allí instaladísima en una monada de apartamento, fue una de las protagonistas entre Cassette Club y Stardust, dejando hueco entre medias para reencuentros con gente maravillosa y también con mucha gente nueva. Guapa y nueva. Así nos dejamos ver por las terracitas de La Latina y la Plaza de Santa Ana, los garitos de Chueca y Alonso Martínez, los Teatros del Canal con unos excelentes Els Joglars y la Sala Riviera con un agitado concierto de La Roux, un descubrimiento de mujer que nos encanta.
La vuelta a la capital del amor la describiré como “alterada”. La culpa, sin duda, de la primavera, cuyos efectos este año aún dudo cómo describirlos. Para quitarme la tontería he preferido no pasar demasiado tiempo a solas así que me he marcado un estupendo fin de semana acudiendo e la re-apertura (al loro, Maruchi) de aquel garito llamado Les Bains Douches que con pesar descubrimos cerrado en el mes de octubre. Dejé huella por ambos en la tarima y en la caja del citado lugar, que era bastante hortera y carecía de ventilación, por cierto. Pero oye, una noche estupenda.
A pesar de la resaca de la jornada siguiente, no podía dejar de ir a una fiesta de cumpleaños de una buena amiga que terminó en 130, rue Rivoli, uno de los locales más animados y con mejor ambiente que he conocido en esta ciudad, a pesar de sólo recordar los movimientos de la VISA y las agujetas de mis piernas tras la divertidísima sesión de baile. Un cambio de aires adornado con más gente nueva que me vino fenomenal, sí señor. A las pocas horas de acostarnos, timbrazo de mi casero gallego en la puerta y tres personas en mi cama cual tranchetes fundidos. Evidentemente, nadie respondió. No quiero imaginar lo que habría pasado por su mente, teniendo en cuenta que piensa que mantengo una relación con una buena amiga cuyo único interés es beneficiarse de las paellas de marisco a las que, de cuando en cuando, me invita este buen hombre. Aún a día de hoy no sé que querría decir aquella llamada temprana. O bien me subía un plato de cocido, que es algo muy suyo, o bien venía a pedir explicaciones del escándalo que debimos montar al amanecer y del que, adivinad, no me acuerdo de nada. Miento. Sólo de las fotos que aparecieron en mi cámara al día siguiente y que desde luego no pienso enseñar.
Y poco más, mes petites, un resumen rápido e intenso de lo que se puede hacer público de estas últimas semanas. Anécdotas que se completarán durante el mes de abril con una relajante visita parental el próximo fin de semana (relajante para mi y para mi tarjeta de crédito), una esperada escapada de una buenísima amiga desde España, un fantástico viaje a Barcelona a finales y posibilidades laborales varias. Abril viene cargadito.
Bisous!









